A ti, hombre antiguo, lector sobreviviente. No encontrarás respuestas entre las líneas efímeras del poeta, los nexos entre su palabra y la realidad
han sido tergiversados por la historia... ¿Qué otro destino puede esperarse para una criatura que construye su reino en las arenas movedizas de la poesía?

viernes, 7 de noviembre de 2014

Un trago de "noseque" Entrevista a Abel G. Fagundo

Abel G. Fagundo
Entrevista publicada en el libro “12 creadores entrevistados, coordenadas de arte y literatura” Ediciones Aldabón, Matanzas. Cuba. 2011 
 
Perdido entre las PCs del nodo que administra casi parece un hombre ce ciencias. Pero no engaña a quienes conocen de los extrañamientos literarios que lo bautizan como un hombre de letras, ilustrado por demás, dentro de una generación de poetas matanceros que incluye a Israel Domínguez, Mae Roque, o Derbys Domínguez, por solo mencionar algunos.

Tímido solo en los primeros momentos de la conversación, pero siempre cordial, jodedor cubano, amigo de cantinas y de amigos, gusta de reconocer en público cuanto ama la poesía, los pulóveres anchos y las gorras que esconden. Abel González Fagundo es de los pocos que hacen del mañanero trago de “noseque” un pretexto casi elegante para filosofar.

Ediciones Vigía publicó en 1999 “Golpes de Dios”, Premio Rilke al Joven Poeta, distinción que otorga esta casa editorial.

Siempre te has considerado un marxista convencido ¿Dónde coloco entonces estos Golpes de Dios? El propio Rainer María Rilke afirmaba lo de no fiarse de la superficie, porque en las profundidades todo se hace ley…

Siempre es demasiado tiempo.. Te comentaba que una vez escuche – o leí en algún sitio – que cada ser humano lleva consigo un espacio, una oquedad que sólo la llena Dios. Como muchos seres humanos he pasado por momentos de dudas, de crisis existenciales, de redescubrimientos; pero creo que en este momento, ya cercano a los 40 años, tengo algunas cosas definitivamente resueltas – espero por mi bien que no todas – Una de ellas es la certeza de que viviré el resto de mi vida con esa oquedad vacía. Soy ateo, mi argumento para serlo es quizás ingenuo, simplificador; pero no he conseguido conciliar la existencia de Dios con la razón. 

Respeto, quiero  y dialogo a diario con muchísimos amigos que profesan su religión y lo hacen también convencidos de que ese es el camino a la verdad, nunca cometería el error de subestimar el poder movilizador y sociológico de la fe. Del marxismo del que estoy convencido es de aquel que me explica – como pocas otras corrientes filosóficas – la manera en la que hemos llegado hasta aquí y como funcionan nuestras relaciones político-socio-económicas, lo otro es una historia que aún se escribe, algo que la praxis debe probar…  Golpes de Dios es un cuaderno de poemas que indaga en los cuestionamientos de la fe, de la moral, una mirada – tal vez con matices surrealistas – a esa realidad asumida a través del prismas de nuestra cultura Judeo-Cristiana; sobre eso regreso unos años después, quizás desde otras miradas en el cuaderno “El costal de los pecados”.

¿ La contemplación es un estado de gracia que te acompaña en este libro?

La contemplación – como la veo en su relación con el poeta – es el ejercicio de observar la vida - no como un espectador pasivo- sino más bien con una cierta  relación contaminante, no hay que olvidar que Goethe nos dice “ en el principio era la acción”. El poeta es un subjetivador, un desconstructor de la realidad y eso sólo es posible desde el conocimiento o desde lo que también podríamos llamar el  estado de gracia. La poesía es el resultado de una larguísima historia de  acontecimientos que empiezan con el lenguaje y terminan en la estética, es por eso que cada poeta es un rey que dicta en sus dominios leyes propias…   

¿Es por eso que afirmas en tus versos que tu fin será escribir boleros tristes?

Mientras el arte se produzca,  existirá la intención del ser humano de cercarlo con definiciones, esa es la naturaleza de nuestra inteligencia, buscaremos la verdad hasta que ya no sea posible buscar. Creo que el poeta es un mentidor, toma una realidad y nos entrega una traducción de la misma, una adulteración, una adecuación. Lo de los boleros tristes es una intención de autodefensa, al final todos terminamos declinando, envejeciendo, fallando.  

Ah, el trago mañanero era de ron Yucayo, poco hay tan parecido a un noséqué como ese “refino ateniense”.

¿A parte del Yucayo, claro ¿en cuales otras fuentes “has bebido” para conformar tu obra?

Llegué al conocimiento de los poetas mayores a través de poetas muy cercanos, no siento timidez al decir – por el contrario – que leí primero a Damaris Calderón, Alfredo Zaldivar, Luís Marimón, Laura Ruiz,  Aramis Quintero y ese libro titulado “Calida Forma”. Los poemas de Charo Guerra y de muchos de los poetas que a finales de los ochenta publicaron sus textos en los pequeños cuadernos diseñados por Carbonel bajo el patrocinio de una juvenil Ediciones Matanzas. Fue con Damaris que descubrí a Eliseo, Fina, Lezama, a los poetas italianos contemporáneos y en especial a Giuseppe Ungaretti. Luego los abismos de Vallejo, la majestuosidad de Eliot, el dolor de William Blake;  a los simbolistas franceses… y a un grupo de poetas – más o menos relevantes – que fueron conformando el panteón de mis influencias. He sido un lector menor, la falta de un sistema en este caso es motivo de muchas carencias.  Como en una especie de juego me he preguntado a veces que tres libros me llevaría a una isla desierta a la que fuera condenado. Esos serían – con pocas dudas – la Biblia, la poesía completa de Vallejo y  “Cien años de soledad” de García Márquez;  si pudieran – al menos – ser cinco libros, incluiría “El lobo estepario” de Hesse y los poemas de Martí.

Tu poesía ha sido antologada en muchas oportunidades fuera de Cuba.  ¿En sentido general tú crees que ello es un criterio de peso para validar la obra de cualquier escritor aquí en la isla?

Las antologías poéticas que unen a grupos generacionales o corrientes estéticas son un fenómeno frecuente en la isla, nuestra historia literaria está llena de muchos ejemplos. Ahora bien, aunque la recopilación de grupos de poetas cubanos en el exterior no sea tampoco una novedad, si es preciso destacar que en los últimos años estas publicaciones han sido sumamente abundantes. Algunas bajo criterios de selección que son beneficiosos para la divulgación de la poesía cubana contemporánea, otras con criterios no tan afortunados. En mi opinión, el dialogo entre poéticas nacionales es necesario  ( y no digo imprescindible porque en el territorio de la poesía lo único imprescindible es lo que queda escrito, todo lo demás es extraliterario) Los poetas suelen enriquecerse cuando participan de una comunidad, aún más cuando esa comunidad se sostiene en una misma lengua.  Me interesa conocer lo que escriben ahora los poetas en Méjico, Colombia, Argentina, Chile... poetas de otras lenguas llegan traducidos a nuestras revistas literarias, hay un flujo, hay venas que sirven de vehículo circulatorio para que el verso de diferentes latitudes se encuentre. Pero me preguntas si es absolutamente vital una autentificación de las nuevas generaciones fuera del contexto literario de la isla.  Creo que  una vez que la autentificación ocurre en intramuros, es inevitable – por la propia dinámica del presente literario – que se produzcan intentos de reproducirla fuera de la isla, esas  nuevas generaciones son – casi siempre – también representativas.

He preguntado sobre el abelito poeta, pero ¿y el crítico literario? ¿Por cuáles derroteros anda la fotografía?. ¿Y el trabajo de la revista literaria Mar desnudo?

En los últimos años he escrito algunas ideas, valoraciones, acercamientos a la poesía de algunos de mis contemporáneos, siempre han sido visiones parcializadas porque son el producto de una sacudida estética, me he detenido sólo sobre lo que me sorprende. No soy un crítico literario en el sentido académico, amplio, tenemos en la isla mujeres y hombres muy brillantes que sí lo son, a quienes debemos el respeto de la diferenciación. Más bien soy un opinador literario, o mejor, un lector de poesía que gusta de dejar escritas algunas opiniones.   
La fotografía es una de esas pasiones a las que a veces debemos renunciar temporalmente, ponerlas a hibernar, latentes. Después de la exposición  “La nación conceptual” que con cariño materno me permitió exponer la galería de Jagüey Grande durante la Feria del Libro del 2008, no ha sido posible contar con los recursos necesarios para llevar adelante otras propuestas.

La Revista Digital Mar Desnudo, nace a partir de un proyecto de Laura Ruiz, ella me permitió participar de su idea, me invitó a navegar en sus aguas e inmediatamente me enamoré de la travesía; Mar Desnudo transita por orillas estéticas que nos son afines, ha puesto a circular en la red una zona literaria que de alguna manera permanecía ausente o dispersa. La revista ha tenido sus movimientos, su evolución. En esencia responde aún a los intereses que Laura se había propuesto desde el inicio de la misma y que conforman también a un grupo importante de mis intereses.

¿Son similares a los que motivaron la escritura de tu primer libro con apenas dieciocho años?

No, eso es otra cosa, un error del que soy apenas culpable, una arrogancia. Te puedo asegurar que mucho me arrepentí de ese pequeño librito; El Sitio de las Memorias, de la vanidad de pretender una tesorería de memorias a los dieciocho años. Pero ese arrepentimiento fue cediendo, poco a poco, ante la certidumbre de que aquellos poemas no eran más que el primer llanto, la primera intención. Sin falsas modestias te digo que no creo haber escrito gran cosa después de aquel cuaderno; lo poco que ha sido, se lo debo a aquella breve puerta, a aquel despertar. Incluso suponiendo que mi poesía, que mi nombre sea otro de los tantos escritos en el agua. Algo efímero, insignificante, aquel librito me permitió confirmar mi amor por la poesía y eso perdurará mientras viva, una de las cosas que duran lo que uno.

De seguro el entorno familiar también aportó mucho a esa temprana poesía…

Mis primeras experiencias de vida acontecieron en un pequeño pueblo del municipio de Jagüey Grande llamado Agramonte. Los primeros versos de amores y canciones desesperadas también fueron escritos allí;  a sólo unos cincuenta metros de la línea del tren, entre dos majestuosas ceibas que aún están en pie, en una casa en la que el olor a maní y el ruido de las carpintería cercana eran cotidianos. Pese a vivir en un pequeño pueblo del campo, mi abuela Esperanza Morín, a la que llamábamos Peruca – nunca pregunté la razón – siempre estuvo rodeada de libros y de discos, sobre todos de discos, aquellos pequeños singles de acetato que nos traían hasta nuestro fin del mundo las canciones de Serrat. La puedo recordar tarareando pueblo blanco y releyendo una biografía sobre Isadura Ducan… Sé que la memoria es tramposa y selectiva; pero aún con la tiranía que el tiempo ejerce sobre ella, me atrevo a asegurar que sin la influencia de aquella mujer blanca en canas,  yo no hubiera tenido el más mínimo interés en la poesía.   

¿Estos recuerdos son los que te acompañan junto al apellido Fagundo en la portada de tus libros?

Fagundo, es el apellido de mi madre, por lo tanto el de mi abuelo, el viejo Rine, un hombre feliz que siempre nos hizo las cosas muy fáciles: Es cierto que aquellos eran también tiempos más viables, tiempos de utopías y glorias, todos mirábamos al futuro con la seguridad de un paraíso posible. Ese Fagundo de las portadas es un homenaje a Rine, a mi pueblo de Agramonte, a la simplicidad y a la belleza de aquella vida.

Aún desde Matanzas, donde desarrollas hoy cada actividad como creador, donde eres reconocido entre sus escritores ¿dices que añoras estar cobijado en tu”nido de Jagüey Grande”?

Agradezco que me consideres como un creador laborioso y reconocido, ambos sabemos que es sólo un cumplido tuyo. No soy un hombre de ciudad, mi ritmo es mucho más lento, soy una persona tímida que tiene que hacer un esfuerzo extraordinario para participar de alguna manera en las escenificaciones que exige la ciudad – algunas las sé necesarias -  Los espacios municipales son limitados por su propia esencia; pero también esa limitación permite otras libertades, otra disponibilidad del tiempo y es eso lo que añoro de los pequeños entornos, esa percepción de la temporalidad, en la que el sorbo de café, la lectura, la escritura, parecen ser más dilatadas, más disfrutables.  Por supuesto que todo eso no es más que la subjetivación de mis circunstancias. En el mundo de hoy, (para nosotros el de ahorita), los lugares serán cada vez menos importantes y quizás por ahí lleguemos a ese campesino universal del que hablo en uno de mis poemas. 

Supongamos que mi rol de entrevistadora ahora es tuyo. ¿Cuál pregunta dejarías para cerrar un diálogo con Abel González Fagundo?

¿Te parecería bien si compartimos un doble  de noseque ahora?


Entrevistadora: Maylan Álvarez Rodríguez 
Tomada de: http://www.mardesnudo.atenas.cult.cu/?q=entrevista_abel_g_fagundo