A ti, hombre antiguo, lector sobreviviente. No encontrarás respuestas entre las líneas efímeras del poeta, los nexos entre su palabra y la realidad
han sido tergiversados por la historia... ¿Qué otro destino puede esperarse para una criatura que construye su reino en las arenas movedizas de la poesía?

lunes, 29 de agosto de 2016

Diálogos con Hugo (3)





Abel:

Yo en lo particular ,atrapado en mi soliloquio, mirando en el verde del monte, como un ojo que adivina al azar y no se  da cuenta que la vida pasa, que la vida ,no es más que ese gato ausente que salta sobre las paredes, quizás lo más aconsejable ahora, pueda ser leer a Keats, tumbarse en un sitio, y acompañar los metales de las orquesta en esta orgia de sonidos, en la cual me atrapo, oyendo jazz,  saxos ,desafiando, mientras las trompetas vuelan y los trombones acortan los espacios. Yo batido contra el tiempo y el piano de siempre siguiendo los acordes, es más prudente tomar café, fumarse un guitarro y preguntarle al destino, donde están las señales que se quedaron en el pasado, ya somos nuestras propias historias, nuestros manifiestos, los arboles desnudos en el cielo gris, las marismas que se acoplan, en el desliz de la mañana, los aguafuertes que dejamos para el después, las citas citadinas, ahora en este mismo  momento, una mujer me puede estar esperando en una esquina, una esquina cualquiera, en cualquier parte del mundo, pero vuelvo a mi celda y oigo la sinfonía que desprenden los carros cuando aceleran. Este usted, Hugo Hodelín quieto, solo concéntrese en su ordenador, deja las apuestas para el después, no se atreva apostar ahora, ahora es otro el tiempo, es otra la mirada ,el plato de congris, los vasos sobre la mesa, los manteles blancos, el desorden de esta vida que es un paso, hacia las arenas, un espacio en que me detengo, un espacio, en el cual avanzo  y cuando alguien toca a la puerta, la voz se adelanta y me dice : Yo no sé.

                                                                 Siempre, HUGO

Hugo:

De lunes a viernes observo por un instante al señor que fuma su tabaco en una esquina del banco - frente a la ceiba que ha querido ser rueda, pieza de un todo en movimiento-  siempre está vestido con su overol carmelita y su viejo casco de obrero. Trato de imaginarme su locura, el color, la calidad de las imágenes en su mundo de fantasía ¿Acaso el único donde ser feliz o no serlo es irrelevante?. No conozco su historia, no me detengo, hay algo de traición y de mezquindad en perturbar su tiempo. Mañana yo podría ser quien mira a la gente pasar, extraviado en un verso, desde la primera a la última palabra, en círculos… mi verdad será entonces del largo de una estrofa… Y no sabré en que momento me convertí en el loco de la esquina.

                                                                  Siempre, ABEL

Abel G. Fagundo: “Ningún poema salva, nunca son suficientes”

Por: Norge Céspedes

Abel González Fagundo (Jagüey Grande, 1973) definió al escritor como alguien que tercamente trata de volverse palabras, de salvarse desde las palabras, en declaraciones ofrecidas poco después de participar como invitado del espacio Miércoles de la Poesía, organizado mensualmente por el comité de la Uneac y el Centro del Libro y la Literatura en la provincia de Matanzas.

“Nos volverán a decir una y mil veces" como en el poema de Hugo Hodelín: «Renuncie, usted ha fracasado»; quizás no entienden que lo sabemos, que no nos importa —comentó Abel—. Hace tiempo escribí: «Ningún poema salva, nunca serán suficientes»; somos la expresión de una hechura incompleta. ¿Acaso hay cosa más terrible que conocer nuestros destinos? ¿Qué nos queda además de la terquedad persistente de volvernos palabra?”

En el Miércoles de la Poesía, correspondiente al mes de junio, el escritor leyó textos de dos cuadernos inéditos: “Agua de Fuego”, al que consideró “un libro de despedida de la bohemia, entre el surrealismo y el conversacionalismo”, y “Game Over”, “que roza las implicaciones de la tecnología y la palabra”. También compartió versos de su último volumen publicado, “En el bosque francés de la calle medio” (Ediciones Matanzas, 2012).


Además de este título, él ha publicado El sitio de las memorias (Ediciones Matanzas, 1991, Premio Nacional de la FEEM), Golpes de Dios (Ediciones Vigía, 1998, Premio Rilke al Joven Poeta), Extinción (Ediciones Matanzas, 2002), El costal de los pecados (Ediciones Matanzas, 2006) y El Terco Persistir (Ediciones Aldabón, 2008).

En declaraciones exclusivas a este sitio digital, del cual es co-realidor, Abel González Fagundo comentó también:

“Se suele hablar del “Modo de vida del poeta”, de sus pasiones o frialdades. Con los años he llegado al convencimiento de que hay muchos modos de vivir la poesía, que existen  seres muy diversos y maneras heterogéneas de construir eso que llaman el corpus poético. Lo importante –creo– es el texto en sí mismo y ni siquiera tenemos control sobre su perdurabilidad, lo más posible es que estemos escribiendo en el agua.

“A la tiranía de la palabra poco le importa la criatura que está detrás, es el templo no el arquitecto el que importa. De cierto modo los poetas estamos conectados por una misma esencia, un pedazo de esa Noosfera que redefinió el creativo teólogo francés Teilhard de Chardin; en la que los hilos comunicantes del lenguaje construyen los fragmentos de un único poema, un mapa, un decodificador con el objetivo de vencer a la muerte... Algo más que polvo hemos querido ser y para eso inventamos la poesía.”