De la inutilidad y la simulación

De la inutilidad y la simulación
                                             
El hombre simula ser un pájaro, no quiere                                           
reconocer  el préstamo de sus alas.
                                               José Manuel Espino
 
 
Susurras como el insecto
con el hastío de las sombras
una simulación del vuelo, otra mentira más
que quiere mezclarse con el aire.
Crees que los pájaros lucen
iguales en la distancia
pero se te olvidan los ojos de Dios.
 
Como el insecto entre las sombras eres
casi invisible, frío
tan insignificante como una mariposa fea.
La brisa te castiga
porque tampoco puedes
engañar a sus corrientes
ni al polen excitado de la flor…
 
Tu sueño de ser ave
la prisa de tu cuerpo
y el fin del aleteo
en estas rocas de ciudad
sin mares,
sin árboles
sin un poco de tierra sana
donde podrirse útilmente.
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Iluso
 
 
Este es un tiempo de espejos…
Aún si existiera la verdad,
tus ojos no la podrían distinguir
entre la luz que juega
en este y el otro cristal.
y otro, el otro, y el otro...
 
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Cuando salí del poema
 
(…) las oscuras patas sonoras
quebrándose sobre el pavimento..
                       Damaris  Calderón
 
A Ángel Escobar
 
 
Se tiró desde lo alto 
aseguran que voló por un instante
y aunque sus tripas
estaban sobre el pavimento
aún movía las manos.
 
era un ángel feliz
mostraba las entrañas.
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Los pájaros partieron
 
 
No nos queda tiempo
los pájaros partieron
y no podré alcanzarlos
antes yo que la muerte.
 
No nos queda tiempo,
y esos pájaros quieren
olvidar con el vuelo su destino
como si no entendieran
que van hacia ellos mismos
que en cada uno de sus cuerpos
dejamos aferrada la distancia.
 
Los pájaros partieron
no tuvimos noción de tal huida
ni siquiera la red necesaria
con la que atar al viento.

Los pájaros partieron
no nos queda tiempo,
no podremos detener la migración
la huida.  
 
                                                       1999
 
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Certeza de Caer
 
No vuelve el tiempo que se cae sin ruidos
en el trasiego tenue de la memoria
Alfredo Zaldivar
 
Aunque el niño se extravió dentro de mí
queda su reacción patética.
Ahora soy dos historias
que se reflejan en el espejo
de la madures, dos imágenes
que pugnan para verse
recogidas por el cristal.
Ningún andamio entre las dos
abismo, certeza de caer.
Ningún detalle que obligue
al hombre de este lado
a sonreír como antes
cuando los muertos
eran seres ajenos
familiares
      amigos
         padres de otros.
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Hambre de poblado interior
 
 
He tenido hambre
tiempos de no soportar
esos ruidos de animal vacío.
 
No fue el hambre de las noches haitianas
la patria perra de Franketienne
ni al hambre de los encarcelados Serbios.
Es esta hambre mía
tan provinciana y deleznable
esta hambre de poblado interior.
 
A veces me basta
con la mezcla de café nacional
o algún tesito negro
y traidor que Yolanda Brito
me prepara en su tetera.
 
He tenido carencias
el estómago débil
la lengua ebria, humedecida
por la ferocidad de los versos
por el hambre del ser y la palabra.
 
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Estos poemas pertenecen al libro “El terco persistir” publicado por Ediciones Aldabón en Matanzas. Cuba (Noviembre de 2008)
 
Abel G. Fagundo.
(Jagüey Grande. Matanzas. Cuba. 1973) Poeta
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