A ti, hombre antiguo, lector sobreviviente. No encontrarás respuestas entre las líneas efímeras del poeta, los nexos entre su palabra y la realidad
han sido tergiversados por la historia... ¿Qué otro destino puede esperarse para una criatura que construye su reino en las arenas movedizas de la poesía?

lunes, 24 de diciembre de 2012

Como un islote escondido por las olas

Portada "En el bosque francés de la Calle Medio"
* Palabras de presentación del libro durante la jornada literaria en homenaje a José Jaciento Milanes. Matanzas, 12 al 14 de noviembre de 2012
En ocasión de publicarse Extinción (2001), segundo poemario de Abel G. Fagundo (Jagüey Grande, 1973), que apareció bajo el sello de Ediciones Matanzas escribí que este poeta: “(...) re-descubre, con una visión exenta de prejuicios, paisajes humanos macabros, en los que los sufrimientos, tribulaciones y soledades del poeta se revalidan cuando se transforman en el discurso en diálogo plural, por lo que junto redescubrimos nuestras soledades, tribulaciones y asfixias, en esos discernimientos psicológicos que desdibujan, redimensionan, recodifican, no aceptan y cuestionan cánones y valores”.

Ahora, cuando en esta misma casa editora se promueve En el bosque francés de la calle Medio - poética sustentada en el versolibrismo y la trasgresión de zonas ya exploradas de nuestra literatura: insularidad, marginalidad...-  reafirmo cómo el poeta nos presenta un manojo de añoranzas que recuerdan, por momento, un sueño surrealista, preservando su identidad poética, con audacia de blasfemia, y remitiéndonos al simbolismo, a la verdad que pueden revelarnos las cosas más comunes de la cotidianidad humana con lo que corrobora que cualquier asunto, por muy terrenal que sea, resulta susceptible de ser elevado a la dimensión poética.
 
Caminemos, ir por la calle marcando a los suicidas
sin decirles nada, déjalos en la arrogancia, vivos...
Aquí la muerte es real
colorea, anuncia
y nosotros como en París
le ponemos también de cascabel la historia
.
Es feliz esta gente
aunque no las comprendas tú
come sin ceremonias… cuando come
bebe bajo los árboles
hace el amor sin prisa ni pudor
se divierte y canta.
Mira esta calle, o mejor, cierra los ojos, escucha
dánzala con tus huesos lentos.
Es el ritmo de la supervivencia
la civilización y su orquesta mestiza.
En esto, Duprey, la ciudad se parece a tu ciudad
somos aquí refugiados de la suerte.
                   “En el bosque francés de la Calle Medio”. 
Libro intenso este que nos propone el autor, quien apela a la dolorosa emoción sin alardes formales y en cuyas páginas cobran vida el desconcierto, el absurdo cotidiano de la vida pueblerina - habituada a la ausencia de sentido que se respira -, el hombre o la mujer prisioneros de un mundo asfixiantemente vacío e indiferente.


Trovar desde el círculo de la rotonda
en una plaza dividida entre masones y católicos
hacer música desde el interior
en el destierro de las capitales
donde los cantautores insisten en arpegiar contra la indiferencia...
Entre la muchedumbre sorda la melodía atraviesa la ciudad.
Algunos escuchamos la guitarra en el viento
en el eco armonioso que de una columna en otra devuelve nuestra canción.
                   “Trovar desde la rotonda”. 
Estar y ser - motivos recurrentes - signalan el derrotero de un discurso en el que afloran interrogantes en torno a la finitud de las cosas siempre con un lenguaje desenfadado, inconvencional, a veces rudo y despiadado, en una poesía de vigoroso laconismo y fuerza expresiva donde en no pocas ocasiones se recurre a las asociaciones que funcionan como enunciados dramáticos, cual fragmentos salvados que se escamotean sabiamente, conmoviendo por la alta temperatura y delicada brutalidad con que asoman.


El personaje
desmedido poeta de su drama
pretende matar al cazador con su belleza
y olvida la costumbre de las tablas.

- No hay modo de salvar a Hamlet
y mucho menos de salvarse.
En las grietas de proscenio está la trampa
la hostilidad del juego
el telón genocida que lo devuelve a la realidad...
             ¿a la cordura?
sin otros tiempos ni otra historia
que su ineficaz vocación de partir.
                            “Ineficaz vocación de partir”. 
En esta poesía de la intimidad volcada hacia lo externo, de ausencias y emociones que exorciza el pasado y se enfrenta al fantasma de la espera, el lector hallará momentos desgarradores donde el hastío, el desamor y la desesperanza fluyen como ríos de alucinantes mundos en que asoman experiencias vivenciales a partir de ciertos marginalismos del alma.


No laboro en la raíz
ni cultivo habichuelas que se alarguen
hasta el plato de arroz en mis empobrecidas tardes.
Solo me quedan las palabras, signos y fonemas
Que empapan con su lluvia el interior de la casa
versos que no pueden cultivarse en esta tierra
de cítricos y tomates, de azúcar y pimientos.

Poemas que padecen mi infertilidad
la aridez del hombre al que debí estar destinado
el que desfiguró abuela Pachuca
con aquellas lecturas sobre Isadora Duncan
una mujer que cae atada en la rueda de lo imposible
un niño sorprendido que cierra los ojos mientras dice:
- Yo quiero ser la bufanda terrible que va a enredarse en el futuro -
y me enredé
de tal manera la hierba creció alrededor
sobre mí, dentro de mí
que el ejercicio de mi vida consiste en esperar
como la tierra, la semilla de todos los otros.
                                        “Pollo criado en casa”. 
El poeta —acorralado en su cotidianeidad insular, franco y solitario— autorreconoce la inevitable soledad del individuo, y en esas obsesiones convertidas en palabras devela zonas ocultas de la sensibilidad, las angustias del camino, los cuestionamientos del ser, la oscuridad y esplendores de la isla en sus avatares cotidianos y va desenredando, con amarga ironía, las madejas de nuestro propio tiempo y ese sentimiento de inadaptabilidad al medio que le rodea que se traducen en una invencible nostalgia del infinito.


Como a Virgilio
me prometieron una isla
un pedazo de arrecife liviano
golpeado por las aguas
una franja de tierra
con espacio para la silla y el jardín.
Pero soy esto, la mala roca que busca
erupcionar en las entrañas del poema
parir su libertad, sin nombres
como un islote escondido entre las olas.
                                       “La isla de Virgilio”.

La intimidad, ese acercamiento a lo cotidiano y a la poética de la memoria que signalan el discurso de este poemario, ilustran la aproximación de Abel G. Fagundo y su imbricación en las coordenadas líricas de Virgilio Piñera y Eliseo Diego, poetas a los que además, evoca explícitamente en dos de los textos que lo integran.

El diseño artístico de Johann E. Trujillo, quien manipula con singular ingenio ilustraciones de Otto Dix Sy Van Harden acentúa la valía de En el bosque francés de la Calle Medio.

Por: Bárbaro Ernesto Velazco Valderrama
Editor
Ediciones Matanzas 

lunes, 22 de octubre de 2012

De "La Habana en versos", En la Calzada de Jesus del Monte

La ciudad, a lo largo del tiempo, ha recibido los más insospechados tributos. Es como si se quisiera rendir homenaje a esas estrechas calles, a esas mágicas plazas, a esa espléndida bahía, que enriquecen a la urbe.
 
Los poetas son, quizás, quienes con mayor gracia y empeño se han referido a los misterios, los sortilegios, los encantos, de la antigua villa de San Cristóbal de La Habana.Eliseo Diego (La Habana, 1920-Ciudad México, 1994) publicaba, en 1949, el poemario “En la Calzada de Jesús del Monte”, hermosa joya de la lírica cubana que resulta un canto admirado y agradecido a la ciudad.

Inspirado en ese cuaderno, otro poeta, Abel G. Fagundo (Jagüey Grande, 1973) ha incluido, en su libro “En el bosque francés de la Calle Medio”, el texto titulado, precisamente, “En la Calzada de Jesús del Monte”.Evocador poema, que rememora escenarios, ambientes, personajes, de una ciudad que, muy pronto, arribará a su medio milenio de fecunda, enriquecedora y fértil vida.

martes, 16 de octubre de 2012

Las aguas de la isla

En una isla las fronteras son límites de agua, espacio líquido que no puede atravesar el caminante con sus piernas. En Cuba -atrevido pedazo de tierra que sobrevive en el medio de un golfo inquieto- todos somos de algún modo antiguos navegantes, sobrevivimos con la herencia del mar en la memoria y las deudas del marino en puerto, dispuestos a zarpar siempre que las corrientes nos permitan el regreso, la llegada triunfal.

Archipiélago cercado por el azul del caribe, sangrante por las aguas interiores de sus ríos y lagos, agredido por las tormentas y huracanes, lluvias de un pacto tropical que pareciera estar escrito en toda nuestra geografía; y la vez esa dualidad, ese Sol limpio que nace inesperadamente, justo cuando las aguas del país simulaban el fin. 
El poeta en Cuba ha estado obligado a un contacto permanente con el mar, con los ríos, con las tormentas, las lluvias de verano que nos obligan a la contemplación, expuestos al sonido tramposo de las gotas que se anuncian por todas partes. Ese contacto con el agua la ha dotado de una multiplicidad de significados, símbolos que están presentes en nuestra poesía y que son abordados desde estéticas muy heterogéneas. Desde la poesía descriptiva de José María Heredia, -de quien aprendimos según Enrique José Varona “El sentimiento de la patria” -¿Qué rumor?, ¿Es la lluvia..? Desatada / Cae a torrentes. ¿Quién es, sagrado Mar, quien es el hombre / A cuyo pecho estúpido y mezquino / Tu majestuosa inmensidad no asombre. Hasta “Agua”, un poema contemporáneo escrito por Damaris Calderón; texto que leí por primera vez en 1988, a la edad de quince años, y aún hoy, después de tantas lecturas, me sigue conmoviendo por su eficacia, No digo nada. / Sólo / que es tan limpia / tan limpia que lastima. 
Esta selección obedece a esa simbiosis del poeta cubano con el agua. Se incluyen 27 autores y los textos que se publican están en relación estrecha con esa unidad. La mayoría fueron escritos por poetas matanceros, o poetas que en su tránsito o su estancia en la ciudad han dejado, escritas en verso, sus memorias. Matanzas es una ciudad rodeada, embellecida y siempre amenazada por sus aguas, se levanta desde las faldas de una de las bahías más profundas y luminosas del país. Es terciada por sus tres grandes ríos, Canímar, San Juan, Yumurí. En sus esquinas, en sus baches, en las sombras de las viejas construcciones, el agua se encharca, se funde en pequeños riachuelos que como los poetas de las islas, siempre buscan el MAR. 
Las recopilaciones, las antologías, las selecciones, son imperfectas e injustas, es por eso que casi siempre el seleccionador está obligado al guiño, a sugerir su disculpa que es un modo claro de reconocer su propia imperfección. Muchos autores han quedado fuera, algunos porque no encontramos un poema que respondiera a los intereses de la breve antología, otros porque no pudimos acceder con el tiempo suficiente a su obra y así, un número mayor de causas que no es necesario mencionar. Sin embargo, es importante decir, que los requerimientos de la edición para Web, sus limitantes en cuanto a la cantidad de texto a mostrar por páginas y otras vicisitudes relacionadas con la edición digital, nos impidieron hacer una selección más extensa por autores, muchos de los que están aquí antologados, poseen más de un poema que hubieran sido incluidos en otras condiciones. 
 
Las aguas de la isla, no es una selección cerrada, es apenas un proyecto inicial sobre el que la revista Mar Desnudo espera volver, quizás la edición de una antología digital en formato PDF, más abarcadora, más abierta a otras aguas, sea en este caso, nuestro puerto final. 
De una gota
salta espléndida la vida.
Con estos versos de Juan Luís Hernández Milián estas palabras terminan su puente hacia la poesía.

Abel G. Fagundo 

Agua


Así la conocemos
Y le admitimos
Agua.
Nos mira y se retrae
en sus burbujas nítidas.
Ignorada
nuestra avidez humana.
Esta corteza por la que somos superiores
tan animales a nuestros semejantes.
No nos escucha precipitarnos.
Construirnos
sin su líquida usanza.
Ha negado
la semejanza a nuestras manos
cuando la proponemos,
sosteniéndola.
No digo nada.
Sólo
que es tan limpia
tan limpia que lastima.
Damaris Calderón


Este texto pertenece al libro de poemas “Con el terror del equilibrista” publicado por Ediciones Matanzas en 1988

Damaris Calderón (La Habana 1967). Ha publicado entre otros títulos: “Con el terror del equilibrista” (Ediciones Matanzas, 1988), “Duras aguas del trópico” (Ediciones Matanzas, 1992), “Guijarros” (1994), “Duro de Roer”, (Las dos Fridas, 1999), “Sílabas Ecce Homo”, (Letras Cubanas, 2001)


 
Animales pudriéndose en la orilla del Yumurí
En la mojada tarde los cangrejos
irrumpen entre el fango sangroso de la orilla del río.
Otros animales son como diocesillos que se pudren silenciosamente
al viento.
A un hombre le aterraban los espacios infinitos.
A mí la vida y este mínimo sendero
que va de mi casa a la cervecera
y de la Marina hasta el puente.
Pero yo sólo creo en el amor
y en esas breves espinas
y en los peces que se prolongan en sus márgenes
con sus vientres hinchados. Verdes moscas metálicas(cantáridas)
y negras. Las profetizas revoloteando y en un insecto
traslucido que guía mis pasos a contrasombra.
Brota la vida de sus humildes cuevas
y me saludan.
Pero me agrada ser el que se borra sin creer nada.
El universo es este caminito,
el que me fortifica y amplía,
el que me aparta de los hombres malos;
el que me justifica ante esos perros, esos gallos,
esos corderos que se inflaman y dejan que brote el sol
de sus entrañas,
esos hermanos míos que se marchan…
Fieles, quejumbrosos y únicos compañeros en esta travesía.
Y yo no creo en Dios pero de toda
está podredumbre
renacerá la vida…
Luis Marimón
Este texto pertenece al libro de poemas “La decisión de Ulises” (Ediciones Matanzas, 1988)

Luis Marimón (La Habana, 1951-1995). Poeta. Vivió la mayor parte de su vida en Matanzas, donde su figura es hoy una leyenda en el ambiente literario. En vida sólo publicó dos libros: “La decisión de Ulises” y “El bibliotecario del infierno”, pero dejó ineditos al morir otros nueve cuadernos.

Buscando el agua
En la noche escuchábamos la sierra.
Luego vi a Cash puliendo la madera.
Al regresar Verdaman dijo:
“Mi madre es un pez”
El animal saltaba buscando el agua
pero no podía encontrarla.
Fue cediendo al polvo
sus deseos de vivir.
En el ómnibus una enfermera cuenta:
“Aquel hombre
era un pez”
 
* * *
 
Una frontera se avizora
mientras avanza la línea.
No es el cartel que anuncia
el próximo municipio;
mucho menos la garita,
el guardia y el pasaporte.

Es la frontera del agua.

Alguien dice:
“Sube la ventanilla”
Israel Domínguez
Estos textos pertenecen al libro de poemas “Después de acompañar a William Jones”, (Letras Cubanas, 2006)

Israel Domínguez (Placetas, Villa Clara, 1973), radica en la ciudad de Matanzas desde hace más de una década, entre sus poemarios publicados se encuentran, “Hojas de cal”, (Editorial Abril, 2001), “Collage mientras avanza mi carro de equipaje”, (Ediciones Vigía, 2002), “Sobre un fondo de arena”, (Colección Sur, 2004)
En la sequedad
del río he contemplado
la sombra del agua.
 

Yo miro al pez.
Bajo la piedra llueve.
El pez se hunde.
 

El agua muerta
en la mano del padre
vuelve a ser río.
 

El agua pesa
demasiado en la mano
del moribundo.
 

Mínimas sombras
cada gota de lluvia
esconde un ser.
 

He abierto
al mismo pez dos veces
buscando el mar.
 

Las costureras
pueden hacer con poca
tela una isla.


Este texto pertenece al libro de poemas “Hendiduras”, (Ediciones Aldabón, 2005)

Leymen Pérez (Matanzas, 1976). Ha publicado entre otros los siguientes libros de poemas, “Números del escombro”, (Ediciones Matanzas 2002), “Pared con grabado de Pollock” (2004)
Crónicas del náufrago
 
Pedazos de mar sobre el náufrago
dan a la tierra su visión sombría
y poderosa majestad del imperio tardío.
Sitio donde los hombres siempre han de volver,
como un tango en las noches ebrias.
Náufraga tierra mar,
naufrago mar en tierra,
tierra de náufrago es el mar.
Juego, más que de voces, de sangre,
complicidad provinciana del hombre-bestia
que ha sido manso.
Y se dio a las aguas de ríos lejanos,
extrañas orillas de cómodos puentes.
 
Ironías del mar.
¿Dónde hallar la frontera justa de la desembocadura?
El legendario desagüe es un complot
de lo funesto.
Soledades que se mezclan para tentarnos al viaje.
Y el poeta lo sueña,
lo quiere beber a prisa con la pasión del que muere.
 
Ironías de la tierra.
¿Dónde hallar la exactitud de las costas?
Siempre hay una parte de este país
bajo las aguas,
en los huesos del náufrago.
 
El hombre-bestia reconoce la mitad
y la pequeñez de sus manos.
Está, aparentemente, hecho de tierra.
Ni cerca, ni lejos del mar.
Ni cerca, ni lejos del poeta.
Es el náufrago.


Este texto pertenece al libro de poemas “Imagen y Semejanza”, (Ediciones Matanzas, 2001)
Mae Roque (Jagüey Grande.Matanzas, 1972). Ha publicado entre otros libros de poemas, “Imagen y Semejanza”, (Ediciones Matanzas, 2001) “Yo, Safo”, (Ediciones Mecenas, 2004), “Aguas muertas” (2004), “La Ronda”, (Ediciones Vigía, 2005)

 
Capernaum
 
  (...) cúrate a ti mismo; de tantas cosas que hemos
oído que se han hecho en Capernaum,
Lucas 4.23
Bello nombre el de tus piedras
marcadas para la destrucción.
Una ciudad sobrevive, ya lo sabemos,
por el sendero que conduce a su armonía con Dios.
Veré muchas ciudades caer entre las islas,
perdidas para siempre en la memoria
de un caribe destinado a las olas,
a ese mar que no descansará un segundo
mientras la tierra siga irreverente entre sus aguas.
 
 
San Juan reiterado
Al río San Juan
 
Primero hay que salvar a la ciudad
para que ella te salve del futuro,
y un provinciano humilde se bautice en tus aguas
mientras sueña con sirenas
de cantos marginales
que cruzan por tus puentes como diosas,
o pueblen tus entornos
en busca de otros cuerpos ajenos que la invadan,
para que el pescador,
quien te define,
recoja en el vientre de un pez,
el cadáver limpio de estos versos.
 
 
Abel G. Fagundo.Estos textos pertenecen al libro de poemas “El costal de los pecados”, (Ediciones Matanzas, 2006)
Abel G. Fagundo. (Jagüey Grande. Matanzas. 1973) Ha publicado entre otros los libros de poemas, “El sitio de las memorias”, (Ediciones Matanzas 1991), “Golpes de Dios”, (Ediciones Vigía, 1999), “Extinción”, (Ediciones Matanzas,2001)
Apología del recuento I
 
Desde una ciudad inerte
desprovista de mí
impasible de mí
vuelvo los ojos al mar
único punto cardinal posible
e intento escribir un poema distinto
que hable quizás de la esperanza
de una casa como la que he visto
...en sueños
adonde llega con nitidez
el sonido de las olas
y en cuyos portalones blancos
mi abuela se sentaría a descansar
 
pero esa sería la historia de otro
yo sólo alcanzo a cantar al miedo
al recuerdo de una casa
...con paredes rotas y techo de cinc
que hacía más terrible el estampido
...de la lluvia al caer
yo sólo puedo imaginar a mi abuela
tras una máquina de coser
maldiciendo la miseria
la mala suerte mala
(sensación de hambre y cuchillos)
a mi abuela muerta a destiempo
sin flores
con una biblia sobre el pecho
 
Austera,
sobreviviente al hoy fugaz
que vence sobre el ayer incierto
al hoy ...conato ...alucinación de vida
al hoy de páginas en blanco
...en que dudo a veces ..con terror
puedan volver a nacer versos
..de mis manos
 
yo sólo puedo cantar a los vencidos
a aquellos que vuelven sus ojos
...al mar y no al cielo
desde una ciudad sitiada
...por el vértigo

Yanira Marimón.
Este poema pertenece al libro “La sombra infinita de los vencidos”, (Ediciones Aldabón, 2005)
Yanira Marimón. (Matanzas, 1971) Ha publicado entre otros libros de poemas, “La sombra infinita de los vencidos”, (Ediciones Aldabón, 2005)
  
Ana Mendieta pone flores para su tumba

...Frente al mar están también las flores que Ana Mendieta puso para su muerte.
Flores para quienes no fueron especialmente felices, para quienes dejan en el mar
los restos más queridos y las ofrendas más pobres.

...Imágenes que son guardadas en la piel de Ana Mendieta, como
si alguna vez la arena vuelva a estas playas. Espejismos escritos en el
mar que hace náufragos a los que van y los que vuelven.

...Ana existió así: sin comprender el arroz con pollo de algunos domingos, sin
preguntar por los plátanos que fríen en las fiestas de santo, o por la mudez del
anciano que frente al mar ya no sabe cuál fue su lugar de nacimiento. Ana sólo
duerme desnuda sobre la arena, como si acaso no dejara ver en los ojos manchados
por su isla, cómo la Isla habitaba su corazón del pedazo más dulce de nostalgia.

...Ana era una flor debajo de su cuerpo, entre los gritos de horror de quienes lloran la
patria que no han visto, y el júbilo de quienes no comprenden quizás cuán distantes
del sueño están los que no llegan.
 

Gaudencio Rodríguez SantanaEste poema fue tomado de la antología “La última cena” (Ediciones Aldabón, 2002)
Gaudencio Rodríguez Santana. (Perico, Matanzas, 1969). Ha publicado entre otros, los libros de poemas “Accidentes”, (Ediciones Matanzas, 2003), “Teatros vacios”, (Ediciones Matanzas, 2003), “En la moviola”, (Ediciones Avila, 2006)
Hijo del agua
 
I
 
Hijo del agua,
pon tu cabeza con la misma frialdad que convoca.
Guardo todos los peces
y una brisa para tenerte.
Hijo del agua,
besa esta arena turbia,
descubre que ha sido mi sombra
la encrucijada entre la muerte y la muerte
de estas ansias de acariciarte, lejos
como el agua que soy,
como el pecho que duela,
como los amigos que traicionan,
como tú, como soy para empaparte del milagro.

Mira,
aquí están las conchas que has de envolver
en tu nariz chata
y en la oblicuidad de tus ojos.
Detén esta furia
sólo deja que la espuma
vuelva a ser tan blanca como ayer,
si es posible,
hijo del agua;
no te sumejas.

II
 
Tirar las cartas,
contagiarse del engaño
para que la ficción se junte con un beso.
Tirar las cartas con un vaso de cristal lleno de agua
y el vaso es un río
como esta calle donde amé otras ficciones.
Tirar las cartas y enjugar los ojos
vivir otra vez el juego
As de espadas y vuelve
el río dentro del vaso
y sale el cristal a romper la memoria.
Quisiera llorar ahora mismo
hacer más veloz el tiempo y que las cartas sigan cayendo
con el olor de este suspiro que me ensancha los tímpanos
Yo era feliz
con un libro abierto a la mentira
tiraron las cartas
y fui un vaso de cristal
agua de río
que corre más de prisa.
 
III
 
Temo que los arcos de la noche me sorprendan
abrazando el río
donde mamá teje las melodías
y hace humear el café
para beberlo de un sorbo,
debo a este rito
la cómplice inocencia de las aguas
cuando el puente se eleva
para acariciarme.
En las noches suelen confundirse los sonidos,
la propia música del agua,
el café humeante y los lamentos de mi madre
que vienen colgados de mis ojos
como un ánfora en reposo,
temo entonces que los arcos de la noche me sorprendan
abrazando el río, arrojándole una flor
para concluir lo que nunca pude;
ensayar la inocencia del agua.
Javier Mederos Zuaznábar.


Este poema fue tomado de la antología “Poetas en Matanzas VI”, (Ediciones Matanzas, 2006)
Javier Mederos Zuaznábar. (Colón, Matanzas 1971) Tiene publicado los libros de poemas “Ciudad de árboles dormidos”, (Ediciones Vigía, 2005), “Juego de Naipes”, (Ediciones Aldabón, 2006)
Matanzas
 
I
 
No salven a la ciudad
que yace deshojada
puede perderse en las tardes y caminar descalza los ríos.
 
En sus muros se hiela el espacio y queda inmóvil la luz.
 
Que se esfume en la lentitud de los trenes pero que vuelva
donde andan moribundos los barcos y el musgo es una senda imprevisible.
 
II
 
El caminante de los pies grises
se posa en el campanario más alto para llorarle a los tejados su mudez.
 
Esta ciudad quedó atrapada
en el espacio interminable de un instante, en un vuelo eterno.
 
¿Quién vertió este cántaro de islas y peces sobre mi cuerpo?
Alguien muere perdido.
Un hilo de polvo se eleva.
 
Las ballenas hieren la transparencia,
se lamentan las aguas de ser indiferentes a sus ojos.
Si pudieran ahogarse en lo profundo.
 

Este poema fue tomado de la antología “Generación de los invisibles”, (España, 1991)

Julieta Bermúdez.
(Matanzas, 1977). Ha publicado “Los reyes iluminados”, (1999)
  
Espejismos
 
Pasan los pescadores en sus barquitos contrahechos,
el río es una cinta que lleva sólo agua;
los barquitos no son más que espejismos
creados por la luz a esa hora de la tarde.
 
Los pescadores lanzan sus redes contra el río
y tibias columnas de agua apenas se levantan.
Algún pez queda siempre prendido en la memoria
de los hilos del hombre que voltea la cabeza.
 
Lo hemos visto a esa hora, inicio de la sombra.
Hemos querido creer en un muelle que espera
la llegada de los barquitos solitarios
a echar desde sus vientres la riqueza del río.


Este texto fue tomado de la antología “Poetas en Matanzas IV”, (Ediciones Matanzas 2006)
Jacqueline Font (Matanzas 1962). Ha publicado entre otros los libros de poemas “Retratos”, (1988),”Las puertas cerradas”, (1989)

  
Escrito para un señor de Matanzas
 
Cuando a media mañana, insatisfecho, el sol se acuesta
sobre el mar en calma, la inmensidad por donde
el pescador regresa calladamente se convierte en nada.
Entonces llegan dorados caballos a lavarse las crines
en los férreos dominios de las aguas que les mantienen
la cabeza erguida como se irán después hacia las lomas
para pastar soberbios por igual felices.
Usted recuerda como yo no olvido la sensación fugaz
de la mañana y la inconmensurable sombra con denuedo
cubriendo la ambición de la bahía, de frente a nuestras casas
espaciosas para las confidencias y disfraces del tío
transfigurado en lo que nunca pudo ser, el pobre.
Y los conspiradores delincuentes y la marquesa loca de Versalles
con toda aquella piel color rosa, desnuda sobre el puente,
paseando su belleza momentos antes de lanzarse al río
jardín de delirantes que hacían bacanales al resplandor
levísimo del agua y la iluminación de un trasatlántico
ardiendo imperturbablemente.
Ella había enloquecido con el humo y limpiaba mi cuerpo
de gigante mordido por feroces escorpiones que huían espantados
por el fuego bajo el cual pasaríamos el resto de la vida,
sin hablar de mujeres, el gusto familiar de la madera,
y una bebida con su efecto triste.
Yo memorizo playas siempre nítidas y a veces azotadas
por vendavales con esmero.
Descríbame en detalle los caballos, exíjale a su lengua
mis palabras, y minuciosas manos, alzadas, como éstas
irán con bríos a manifestaciones callejeras, ansiosas
como antes sin sosiego, a reclamar la libertad
y el nombre, un solo nombre para ese momento
cuando el sol se acueste sobre el mar en calma.
Tiempos mejores nunca más veremos y ella padece
de profundo insomnio.


Este texto pertenece al libro de poemas que resultó ganador del Premio Casa de las Américas del año 2004, “Esta tarde llegando la noche”, editado posteriormente por la Colección Arte de Nuestra América de la Casa de las Américas.
Luis Lorente (Matanzas, 1948). Ha publicado entre otros los siguientes libros de poemas, “Las puertas y los pasos”, (1975), “Café Nocturno”, (1984), “Ella canta en la Habana”, (1985), “Aquí fue siempre ayer”, (1997)
Concilio de las aguas
(fragmentos)
 
 
I
(Las trágicas señales)
 
Rumbo al San Juan mis ojos son eternos;
siguen las turbias aguas del despojo.
Algo se hunde y no encuentra una tabla.
No digan que el San Juan es un destierro.
No quiero oír esos disturbios, esas bufonadas.
No quiero ver sus polvos formando una viscosa penumbra en los
recodos.
No digan que el San Juan es un destierro.
Los ríos sólo cuentan el despacio huir de su leyenda.
El San Juan sólo puede reproducir la imagen ingenua de las tejas.
humedecer el corazón abierto del madero que alumbra las tablas,
en días de fundar
y amordazar el polvo de las piedras ungiendo el armonioso crujido
de las aguas.

II
(Una contracorriente)
 
Creo en los ríos, creo en sus lealtades.
Se amoldarán las aguas a otros cauces
para la luz de trigo o la calma del fuego,
para animar la fiesta del sediento.
Pero hay los que van de orilla a orilla
pregonando los límites,
la estrechez de los márgenes, el tedio.
Los ríos necesitan una contracorriente,
las crecidas,
nadadores que burlen el silencio
con que aceptamos la defunción común.
 
III
(Entre dos ríos)
 
Yo vivo entre dos aguas,
toda mi tierra insomne entre dos ríos
que dan a un mismo mar, a un mismo manto.
Pasa el San Juan, sigue pasando;
es una calle más y está pasando,
detiene la ciudad, lava su rostro.
Entre sus ruinas viven sus peces de cristal
que son el corazón de sus amantes.
El San Juan es romántico y las piedras
pueden romper el vidrio de los enamorados.
Viene del valle, el Yumurí lejano,
llegando siempre, presto a las contiendas, como buen montaraz.
Líquenes hay que bordan finamente sus rocas,
lujosas armaduras que habrán de protegerle.
Un instante de brillo en los postigos,
la humedad en los puentes,
su fugaz transparencia en la ribera;
por la ciudad, apenas entrevisto,
pasa raudo hacia el riesgo de los mares
 
V
(Donde mezclarse pueden)
 
Aguas que no son aguas.
Anden prestos los hombres.
Aguas que no son aguas
van tomando la forma de las formas,
acomodando toda su moldura.
Avidamente entran para cruzar los riscos,
y hay oscuros niveles, subsuelos anegados,
tiernos mantos donde pueden mezclarse
como el silencio de las fuentes sin agua.
 
VII
(La eterna aparición)
 
No hay casa en la ribera.
Toda su luz ha sido desvastada.
No es un sueño pueril, no es un mal sueño.
Quieta el agua remansa.
La noche en vilo teje su corteza.
Impasibles los hombres buscan sus puertas, buscan.
Las aguas van copiando un boceto frugal de su memoria,
la albura dúctil de la casa, el barro.
Rumbo al San Juan mis ojos son eternos.
Será eterna también la aparición que desdoblará el agua
en sus espejos.
Este texto pertenece al libro de poemas “Concilio de las aguas” (Ediciones Matanzas, 1989)

Alfredo Zaldívar (Holguín, 1956) Ha publicado entre otros los libros de poesía, “El ángel blanco” (Ediciones Vigía, 1998), “La vida en ciernes” (Ediciones Matanzas, 2002), “Papeles pobres” (Ediciones Unión 2003). Es fundador de Ediciones Vigía, editorial matancera de gran prestigio nacional e internacional.

viernes, 14 de septiembre de 2012

En el bosque francés de la Calle Medio, Poemario de Abel G. Fagundo

Este es conjunto de apreciable arquitectura íntima que nos devela elementos de la realidad interior de la isla que usualmente no son del interés de muchos creadores, a la misma vez que, muestra des un profundo pesimismo – características de la más reciente poesía cubana – como se van derrumbando las plazoletas grises, las cafeterías de mala muerte, los edificios descoloridos y muertos que se ven desde un extremo a otro del caimán.
En el texto “Mi Música”dice: nada fluye, existo en esta discontinuidad (…) Y es que la pesadumbre y la pobreza va acompañadas por el ritmo de Moisés Simons, Arsenio Rodríguez o Matamoros, reforzando lo cubano que vibra bajo cada palabra escrita con naturalidad y honestidad sin que lo atormente la necesidad de elaborar “altas imágenes”.
También “En el bosque francés de la Calle Medio” hay una mirada nada complaciente sobre varios planos culturales de la nación, en los que la memoria familiar se funde con el autoexamen filosófico y moral de un sujeto que es capaz de ironizar finamente y negarse: Mi verdad es un anacronismo / en medio de la fiesta.   
El poeta también asume con vital energía su identidad y nos dice Soy un provinciano / y aunque los muros del país / se levantan cerca de mi casa / La Habana es un sitio a lo lejos / una imagen confusa…
 
Ahora La Habana está más cerca al bosque que ha sembrado Abel González Fagundo en la poesía cubana.
 

Por: Leymen Pérez

Selección de poemas del Libro "En el bosque francés de la Calle Medio"  de Abel G. Fagundo

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En el bosque francés de la Calle Medio
 
 
Mi querido Duprey, quizás yo sienta un poco de temor
pero no alcanzo  para orinarle el rostro a los soldados.
Tú eras de un falo más clásico, más francés
no es lo mismo
orinar contra monumentos en el primer mundo
tu pene se curva y florece sin el temor de parecer endeble
No hay monumentos ígneos en Matanzas Jean Pierre
la gente aprende bien temprano en esta tierra
que es peligroso el fuego
incluso hasta la insinuación del fuego.
 
Claro que podemos caminar
cogidos de la mano sin cogernos 
dos hombres con los dedos cruzados
en algo aparentan el cuero del tambor
al chivo en la memoria de los cuchillos.
Caminemos, ir por la calle marcando a los suicidas
sin decirles nada, déjalos en la arrogancia, vivos…
Aquí la muerte es real
colorea, anuncia
y nosotros como en París
le ponemos también de cascabel la historia.
 
Es feliz esta gente
aunque no los comprendas tú
come sin ceremonias… cuando come
bebe bajo los árboles
hace el amor sin prisa ni pudor
se divierte y canta.
Mira esta calle, o mejor, cierra los ojos, escucha
dánzala con tus huesos lentos.
Es el ritmo de la supervivencia
la civilización y su orquesta mestiza.
En esto Duprey, la ciudad se parece a tu ciudad
somos aquí refugiados de la suerte.
 
Quizás, Jean Pierre, tu idioma florecido
consiga recostarse en la bahía matancera, navegarla, hundirse.
No temas al dolor
es el mar que en todas partes quiere vivir sus puertos
la sal que todo lo corrompe
secándonos el corazón día tras día.



Pollo criado en casa
 
 
Ser real es esto..
           F. Pessoa
 
Fui real en el patio de esa casa antigua, pintada de azul
con sus viejos alegres
que hacían del ejercicio de la vida un juego fácil.
Nunca me pareció entonces que vivir fuera esta farsa.
Allá en Cuevitas, en el campo del mundo
abuelo Rine se reía tranquilo
disfrutaba de todo con una desproporción
que hoy me parece delirante
sin miedos, sin rubor
como si de verdad fuera posible ser feliz.
 
Mis labios no heredaron la risa…
Sigo en el campo
invadido por el guión del aburrimiento y del alcohol
sin entender a mis abuelos
sin descifrar la sencillez de la alegría
estrecho, como un pozo en el que no entra la luz
el hueco de aguas oscuras
que insisten en ahogar mi infancia.
 
No laboro en la raíz
ni cultivo habichuelas que se alarguen
hasta el plato de arroz en mis empobrecidas tardes.
Sólo me quedan las palabras, signos y fonemas
que empapan con su lluvia el interior de la casa
versos que no pueden cultivarse en esta tierra
de cítrico y tomates, de azúcar y pimientos.
 
Poemas que padecen mi infertilidad
la aridez del hombre al que debí estar destinado
el que desfiguró abuela Peruca
con aquellas lecturas sobre Isadora Duncan
una mujer que cae atada en la rueda de lo imposible
un niño sorprendido que cierra los ojos mientras dice:
-Yo quiero ser la bufanda terrible que va a enredarse en el futuro -
y me enredé
de tal manera la hierba creció alrededor
sobre mí, dentro de mí
que el ejercicio de mi vida consiste en esperar
como la tierra, la semilla de todos los otros.


 La isla de Virgilio
 
Ningún hombre es una isla,
algo completo en sí mismo;
John Donne 
 
 
Como a Virgilio
me prometieron una isla
un pedazo de arrecife liviano
golpeado por las aguas
una franja de tierra
con espacio para la silla y el jardín.
Pero soy esto, la mala roca que busca
erupcionar en las entrañas del poema
parir su libertad, sin nombres
como un islote escondido entre las olas.
 
Desde el farallón del árbol viejo
siento el verano quemándome las fibras.
El sudor me atraviesa
fluye hacia los baches del pavimento
como pequeños riachuelos
que contaminan la ciudad con mis quejas.
Mantengo un ritmo errático
sin rumba, ni son, ni espinela dolorosa…
Mi verdad es un anacronismo
en medio de la fiesta.
 
Estuve en la comparsa torrencial
en el entusiasmo de la multitud.
He comido las frutas legendarias
el sabor recio y vanidoso de la carne
la corrupción de sus delicias.
 
Aún así, persisto en la fresa utópica
del que ha nacido entre los sinsontes
rara avis que puede imitar al tocororo o al gorrión
y sin embargo oculta, como yo, el canto propio.
del que ha nacido
rodeado por los bailes sensuales
de esta gente desinhibida y tierna
lejos del té, de la puntualidad o el tarro de malta
entre los cocodrilos y el canto impávido del tomeguín.
 
Como a Virgilio
me negarán la isla.


Nación salobre
 
 
A Schubert no lo imagino en este mar mestizo
con sus sonatas para piano hundiéndose en la arena.
Pienso en Arsenio Rodríguez
en su bastón y sus manos grandes
dirigiendo las olas de agosto
y ese ritmo negro que sale de los parques
que llega con su baile hasta las playas
mezclándose con la nación salobre…
 
Sol. Mar. Música. Sal.
 
Las corrientes nos traen su resaca
naufragios del mundo
deseos de zarpar con un pedazo de país en el equipaje
con la música de Matamoros como sonido de fondo.
 
Ron. Cerdo. Arroz. Yuca. Café.
                               
Comer y beber todo lo posible
bailar, que el cuerpo busque el movimiento
en el latido de las carnes…
Un sarcasmo, la risa inteligente
la burla como tabla de supervivencia
dispuestos a remar en una u otra dirección
siempre que el agua nos permita el regreso.
 
Una espinela, una criolla, una mentira.
La madre, la patria, las promesas.
Intentar. Carecer. Partir.
Los parques, los puentes, los puertos.
El calor, el deseo, el miedo.
Dios. Diablo. Disidente.
Río. Risa. Resistencia.
Folklore. Farándula. Fidelidad.
Son. Sangre. Sudor. Sexo.
Homo Cubensis.
 
Ni fiesta, ni tragedia…
ISLA SALOBRE
                                 ISLA
ISLA FINITA.
 



Mi música
 
 
¿Qué es mi música?
 
Acaso esta sonoridad que agrede la armonía
el acorde mezquino, el ruido de los barrios
que me arrastra desordenado
lamentable.
 
Siento temor de sonar a solas
en esta bruma de orquestador errático
disonante, incierto
hombre sin batuta que teme
por sus manos.
 
Que te castiguen, es lo justo poeta
pero no que castiguen a tu estruendo
a la rotura de las cuerdas
que se burlaron de tus intenciones.
 
Escucho como el bárbaro
que trata de entender la música sin entender a Dios.
Nada fluye, existo en esta discontinuidad
que más allá de ser metafísica sonora
es disipación, vagancia
miedo.
 
Soy la criatura en ciernes…      
No hay otra música en mí 
que la de mis arterias y podredumbres
una guitarra enflaquecida que adivinó su muerte
cuando mi vocación inútil
la arrebató de las manos del concertista.
 
¿Qué es mi música?
¿Es este llanto de bestia herida
                    abandonada sobre la soledad del mundo?


Abel G. Fagundo 
1973. Jagüey Grande. Matanzas. Poeta