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Yo no quería otros ojos que los de una mulata triste que me dejara salvarla

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Por:Abel G. Fagundo
11/05/2017

Un amigo querido, poeta, conocedor y practicante de las religiones afrocubanas me llama hoy cuando yo pretendía cruzar a toda vela la Calle del Medio para llegar al trabajo. – Coño abelito, tu sabes, nunca te había visto vestido de amarillo, cuídate que eso llama ojos – No le conté la odisea para llegar hasta acá – el cansino tema de las guaguas que a ningún decisor le importa – y mucho menos que olvidé quitarme la enguatada de dormir con el apuro por llegar a tiempo a la parada (apuro que igual, de nuevo, de nada sirvió). Le pedí a uno de los señores que trabajan en las reparaciones de la Calle – hoy enlodada y difícil por las aguas de anoche- que por favor me tomara una foto bajo el cartel del restaurante-bar llamado “La Esquina de Medio”. El hombre hizo lo que pudo, con el ceño fruncido pero sin decir una palabra, molesto pero contenido, otra rareza del día. Le di las gracias y continué.
Por suerte, hoy existiré frente a la pantalla la mayor parte del dí…

Atado a la rueda del parque

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Los carteles de aluminio pintados de azul intenso, indican que estoy a 97 kilómetros de La Habana. Google dice que la distancia que me separa de Lisboa es 6 944 km…

Pero no sé a cuantos años estoy de la Habana, Lisboa, Madrid… Mi cuerpo y mi mente están atrapados en esta ciudad de aguas poderosas. En el imaginería de sus costas, entre viejos fantasmas y las primas hermosas del poeta Milanés. Confuso, en combate contra el alcohol (abstinencia de poeta, dos veces diabla) Contra la soledad y la ilusión veterana de la lujuria. Ese que quizás puedan ver, amarado en la rueda que raspa con violencia lenta  la Ceiba del parque, que recita insonoro y mueve los labios en busca de una bocanada de río… Ese, Soy yo. Atrapado en el tránsito entre los mundos, la realidad, la poesía, el agua salada que me susurra obscenidades…  (@abelgfagundo)