A ti, hombre antiguo, lector sobreviviente. No encontrarás respuestas entre las líneas efímeras del poeta, los nexos entre su palabra y la realidad
han sido tergiversados por la historia... ¿Qué otro destino puede esperarse para una criatura que construye su reino en las arenas movedizas de la poesía?

lunes, 4 de octubre de 2010

Por lealtad a la poesía



Texto enviado por Laura Ruiz Montes para ser leído en el espacio “Como Ángel Cierto” de Ediciones Matanzas. Esta tertulia fue dedicada a Abel González Fagundo, el 17 de diciembre de 2010, en la “casa de las letras”, antigua morada de la poeta cubana Digdora Alonso.

Hay un momento en el cual se empieza a tener consciencia del instante que se vive. Para ser eufemistas a esa edad le llamamos “cierta”. Digo entonces que hay cierta edad en la cual se empieza a tener consciencia exacta del instante vivido. A los veinte años es posible creer que se merece todo y que cada soplo de viento está destinado única y exclusivamente a nuestra propia cabeza. Yo tengo ya “cierta edad” y  soy más consciente de los lujos y del agradecimiento del lujo. Por eso pienso en Matanzas.

Desde hace un rato estoy oyendo a Boris Vian cantar sus canciones. Le escucho una y otra vez... y pienso en Matanzas. Una audición cálida de estas canciones en una tarde matancera en la Casa de las Letras, sería extraordinariamente hondo. Hay canciones que escucho solo una vez. Otras las repito y las repito hasta ser  capaz de cantarlas de memoria, de repetir los énfasis con una pronunciación casi exacta. Y pienso en Matanzas, en este otoño -que de existir allí- sería vivido tan cerca de la playa de una manera tan hermosa.

Sé que mañana casi a esta hora estarán todos llegando a la casa donde vivió Digdora. Quizás lleven paraguas y sombrillas, como yo en estos días. Pero estarán sin abrigos, sin que el aire frío les queme la boca. Boris Vian ahora abre la suya y canta “El Desertor” y pienso en Matanzas. Pienso en la casa cerca de la playa y pienso, sobre todo, en Abel González Fagundo. Creo, casi sin temor a equivocarme, que él hubiera podido escribir estos versos que canta Boris Vian. Abel es el único poeta que conozco que podría, como Vian, haberle escrito una carta, como aquella, a un Señor Presidente... Lo haría no porque le asista la irreverencia –que también- sino por encima de todo por su lealtad a la poesía.

Hay poetas leales a sus afectos, a sus libros, a su trabajo...Pero si se piensa con honestidad quedará en claro que verdaderamente hay muy pocos absolutamente leales a la poesía. Abel González Fagundo lo es.

Por lealtad a la poesía Abel no ha cruzado los mares, no ha cerrado la puerta de un tirón, no ha hecho la guerra, no ha matado a nadie. Ser en estos días un poeta de fe es gran cosa. Seguir cantando a toda costa es la más intensa de las entregas. Esa es la pasión de Abel. A ella se ha dado y por ello cuando se le encuentra ya no son sus rasgos los que saltan a la vista sino esa mezcla de poesía vivida que le sale por los poros y ante la cual queda más que permanecer en silencio.

Es posible perder de vista a Abel un tiempo. Yo creo que eso sucede más que todo porque a él le fascina perderse a sí mismo de vista. Es posible perderlo de vista, digo, pero el reencuentro será siempre el mismo: como si no hubiera pasado un día desde la vez anterior, como si nada hubiese sucedido. Y sin embargo una sabe que pasó todo. Sabe que Abel en su madriguera, ha logrado conservar -para que podamos sobrevivir en cada invernadero propio- las mejores películas, los mejores libros, las mejores ganas.

La poesía de Abel es la poesía de un hombre que ha visto el mundo, aunque todo el tiempo dude de ello. Su marginalidad es la de Rimbaud en Etiopía. Su coraje el de Boris Vian desertando de ir a la guerra. Su herrancia la de Bukoswki. Coincido con él cuando escribió que todo poeta es un árbol torcido y los años o corrigen el tronco o lo quiebran. Es cierto. Pero también lo es aquello que el poeta tímido guardó para sí, sin explicaciones ni palabras que nombren o encierren y que tiene que ver con el oxígeno que alimentó ese árbol y le hizo crecer raíces colgantes. Esas raíces son las que tiene Abelito. Sus extremos buscan siempre el horizonte mientras se hunden a la vez en la tierra –no donde crece cualquier hierba que pisan nuestras plantas, oh madre!- sino en la del cultivo de la real poesía, la que está al borde del abismo, siempre a punto de estallar. Y de la cual, para suerte nuestra, Abel es su más límpida metáfora.

No estaré mañana para decirle todo esto a Abelito, eso también me falta esta tarde y me faltará mañana. A cambio, tengo la certeza que da la lejanía, esa que asegura mi fe en él y mi alegría porque siempre me ha permitido estar a su vera mirándole hacer y aprendiendo de él. La misma certeza que me hace enviarle un abrazo muy sincero y agradecido, siempre pensando en Matanzas, desde el otoñal y lejano –pero a la vez próximo- Montreal. Abrazo que estoy segura él mismo va a interrumpir mientras espía por encima de mi hombro al escuchar el conocido borboteo, para decirme sonriendo “deja todo eso y atiende a la cafetera que ya está colando”...

Laura Ruiz.
Septiembre 16 y 2010.
Montreal.

jueves, 8 de abril de 2010

La cronología del naúfrago

Con la publicación de “Cronología del vértigo y del naufragio” (Colección Contemporáneos, Ediciones Unión, 2007) la poesía de Luis Marimón arriba a las editoriales nacionales. Abordaje que se ha tornado difícil para algunos escritores de provincia, incluso para Luis, marinero experto en los oficios del mar y la palabra. Pero el tiempo – reasignador audaz -  moldea constantemente la memoria y aunque a veces lo haga con demasiada lentitud, muchas cosas toman su lugar. Cada poética se reevalúa y redescubre gracias a esa disciplina exitosa de mirar hacia atrás. La selección de los textos que componen el poemario estuvo a cargo de la hija del poeta,  Yanira Marimón, quién junto a Alfredo Zaldivar y otros escritores vinculados a la producción literaria en la provincia de Matanzas; han venido realizando una revisión de la obra poética de Luis, releyendo entre una gran cantidad de manuscritos, libros inéditos, cartas  y notas de trabajo.

Esto nos permitió contar con la edición de “Herencia de la Soledad” (Ediciones Matanzas, 2005). El primer poemario publicado después de su muerte y su tercer libro impreso, trece años después – número mítico – de “El bibliotecario del infierno” (E.Matanzas, 1992) libro que junto a “La decisión de Ulises” (E. Matanzas, 1988) tuvo una extensa influencia en las nuevas generaciones de poetas matanceros, sobre todo en aquellos que de una u otra manera se vieron vinculados, estética o cronológicamente, a la generación de los noventa.

Es Alfredo Zaldivar – a mi juicio- quien de una manera más certera, y con mayor economía de recursos, logra establecer la significación de la poesía de Luis. En “Herencia de la soledad” – libro en el que además de editor, participó junto a Yanira Marimón en la selección de los textos – nos dice:

Luis Marimón ha devenido poeta de culto para casi todo el que se acerca a su obra. Sus cuadernos inéditos son copiados, reproducidos, recomendados, atesorados, robados… Las nuevas promociones de poetas de Matanzas – quizás los únicos que han tenido acceso a su obra- reconocen su marcada influencia…

En la contraportada de “Cronología del vértigo…”, reafirmando y completando sus ideas sobre el poeta, dice:

Luis Marimón fue como su poesía. A veces muy claro. A veces muy oscuro. Hay un Marimón clásico, caballeresco, como hay el Marimón desenfadado, desfacha­tado muchas veces. Hay el poema impecable y el desaliñado. El texto elitista, libresco, cultera­no, y el marginal, cotidiano, soez. Lo barroco y lo mínimal. El largo aliento y el fulgor breve. Lo trascendentalista y lo lúdico. Lo inmediato y lo atávico. Pero en ningún caso falta a su poesía esencia, espíritu, demonio, el rayo pecu­liar que distingue una estirpe: Li Po, Villon, Baudelaire, Bukowski, Kavafís, Rimbaud. Su poesía es eso, una Cronología del vértigo y del naufragio.

Los lectores de la isla tendrán ahora la oportunidad de acercarse a este poeta finisecular cubano, desentrañar desde la intimidad del lector de poesías, el cuerpo poético de Luis Marimón. Queda entonces en manos del tiempo determinar, si quienes lo hemos leído con sorpresa y admiración desde esta ciudad de nombre sangriento llamada Matanzas, estábamos o no equivocados.

Por: Abel G. Fagundo
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La selección de textos que acompaña este artículo puede ser leida en la Revista Mar Desnudo, en la dirección:http://mardesnudo.atenas.cult.cu/?q=node/256

lunes, 22 de marzo de 2010

Has caído al fondo, la tragedia fue al inicio

Comentarios sobre el libro de poemas Plazas Pobres de Freddy Casanova
Plazas Pobres es la primera entrega editorial de Wilfredo Casanova Ortiz (Freddy). Ediciones Matanzas publica el libro de poemas justo cuando el autor cumple cuarenta años de edad, hecho puramente extraliterario pero que en el universo simbólico de la poesía – del poeta -  no pasa desapercibido. Los cuarenta tienen una relevancia especial dentro de la cultura occidental, imponen la línea imaginaria en la que termina para siempre la juventud y comienza la mediana edad, ese elegante eufemismo .
Con la poesía de Freddy me he  mantenido en contacto durante poco más de una década, siempre con textos aislados, lecturas ocasionales en eventos, revistas, antologías; pero nunca lo había leído a través de un cuerpo poético, de una unidad estética como la que representa Plazas Pobres. Ha resultado gratificante la lectura de su poemario, después de un primer acercamiento signado por el reconocimiento sobrevinieron varias lecturas.  Freddy ha conseguido entregarnos un libro de poemas equilibrado, maduro, en el que no resulta difícil percibir esa ordenación impuesta al acto poético, que sólo es posible bajo la sombra del oficio.
Los textos de este cuaderno - sobre todo los que componen la primera parte y dan título al libro – se originan en  lo vivencial, el dolor, la pérdida, la tristeza…El poeta fija sus escenarios en la provincia, en este caso debe interpretarse como un contenedor semántico  que agrupa dos significados; primero, la provincia en su representación más general, en los bordes, alejada del centro; segundo, - como desprendimiento de ese primer contenido - la representación especifica  que atañe a Matanzas con sus particularidades,  Freddy ubica al verso en el vientre de la isla, en el interior de una provincia marcada por su extensa geografía, por la grandilocuencia de tener una capital nombrada “
La Atenas de Cuba”… Los Arabos, Perico, Güira de Macurijes, la propia capital, componen las fronteras espaciales de varios de esos textos.
Sobre algunos de ellos quisiera detenerme, no necesariamente los más relevantes; pero sí aquellos que fui subrayando durante mis lecturas, las marcas imprescindibles en las que el placer coincide con el desentrañamiento.
Como una criatura del 69 – uno de los últimos textos del libro – funciona a manera  de poema llave, a través del cual pueden encontrarse algunas claves reveladoras de este micro universo poético que se nos propone. Texto bien construido, autorretrato crítico donde el autor entrega su verdad y se nos muestra (…) solo, entre las piedras / tras la vasta alegría del dolor… sin inocencias, desprendido del ropaje de la autocompasión; con el peso de un entorno asfixiante, de falsa caballeresca. (…) Quijote / gordura de falsa transparencia. / Molino inoperante / que sube al viento municipal / al globo municipal, / a la paz municipal. / Silencio provinciano de lo cambios… VOLVER, el ciclo, la reiteración… a través de esta palabra – que el poeta repite varias veces –comprendemos el ritual de la criatura atrapada, sentenciada, (…) Volver a decir… Volver de dar vueltas / de tirar lejos la basura…
El poema Plazas Pobres es el escogido por Freddy para nombrar su cuaderno. Hay en estos versos una melancolía contenida, visible pero no en toda su dimensión. La pobreza como símbolo de nuestra realidad, de nuestras plazas concurrentes. El dolor de un cuerpo que busca anunciar en esas plazas su tristeza, (…)buscando plazas pobres / donde anunciar / la tristeza de mi cuerpo..buscando quizás contener eso que es tanto y se vierte (…) Yo era tanto / y tanto era poco.
Redención es uno de esos poemas que ofrecen movimientos en su exégesis. Bien escrito, con una estrofa final que con fortaleza y ritmo cierra el texto sin fisuras. Su escenario es la capital de la provincia, Matanzas, y la conciencia del desastre, el dolor, la dominación, el quiebre, parecen ser los hilos con los que se tejen sus ideas (…) el caos está creado  (…) Dejarse llevar por un látigo (…) Sentir el rose como holocausto (…) el monedero en crisis… El poeta se deja sorprender ¿vencido?, ¿dominado?, acaso abre su alma ya sin temor, dispuesto al golpe, seguro de la redención que ha conquistado a través de la palabra, Dejar la puerta abierta / abrir la voluntad / como quien abre sus ojos delirantes / en medio del volcán.
El texto Mataron a Lola tuve la oportunidad de leerlo antes de la publicación del libro, y desde entonces me pareció un buen poema. La muerte de Lola es expuesta por el poeta con todo su dramatismo;  el mito popular, la comidilla, el acto es revelado a nosotros desde una perspectiva transfigurada, en la que Freddy, sustituye, recrea el crimen desde su propia y trágica visión.
Después de varios años, ni tan, ni tal.  Es un poema dedicado a la Ciudad de Santa Clara. El poeta extiende aquí los límites de la provincia, agrega otras realidades circundantes. Sus versos nos hablan de la caída clásica de un mito. La desconfianza, el abandono de la ingenuidad, la decepción ante la imposibilidad del paraíso, de la ciudad prometida.  Sus versos son claros y afilados, no ocultan la frustración ni el dolor  (…) algo no tan glorioso / y mucho menos claro. / Ni tal gloria / ni tal ciudad.
En otra de las secciones del libro a la que el autor titula Latinidad pueden leerse también textos de interés. Catalán donde el poeta nos ofrece una mirada al tema del emigrante, en este caso, el hijo de casa que vuelve a reencontrarse con los suyos, diferente, marcado por otras circunstancias. Latinidad  un texto distante en apariencia de las coordenadas temáticas del libro; es tal vez la celeridad del verso, el aliento entrecortado, la avalancha de ideas que buscan señalizar algunos de los elementos de nuestra cultura latinoamericana, lo que particulariza este poema diferenciándolo del resto; quizás la seguridad del poeta de que nuestras Plazas Pobres tienen una continuidad en esas latitudes, sea el vehículo para que estos versos confluyan con el resto del poemario. Mistral: Uno y Dos. La primera parte de este poema es excelente, la construcción exitosa de la imagen, el tránsito de lo inmaterial a lo material en esa especie de juego de fantasmas que propone el poeta. Cruce Aristóteles. que nos devuelve a los referentes de la primera parte del libro. En este texto logran entremezclarse lo símbolos del camino, del caminante, el viajante, con pinceladas de la cultura clásica y un deslizamiento hacia la comicidad criolla representada por los amarillos – inspectores del transito – El Fondo, poema colofón, funciona como una  sentencia, la confirmación de un destino previsible (…) Has caído al fondo / la tragedia fue al inicio.
Plazas Pobres, es la primicia de Fredy Casanova, el fruto germinal de una cosecha que deseamos prodiga, aún más después de tantos años de siembra y persistencia, de reincidir en el ingrato oficio de poeta.  La poesía es una sobreviviente mal herida en las orillas de la postmodernidad, contra ella todas las fuerzas vencen, su destino parece inexorable; pero el poeta – en duelo con la realidad – resiste y es esa resistencia la que posibilita la escritura de poemarios como este.

* Plazas Pobres. Ediciones Matanzas 2009. Colección Abra

Por: Abel G. Fagundo
1973. Poeta