A ti, hombre antiguo, lector sobreviviente. No encontrarás respuestas entre las líneas efímeras del poeta, los nexos entre su palabra y la realidad
han sido tergiversados por la historia... ¿Qué otro destino puede esperarse para una criatura que construye su reino en las arenas movedizas de la poesía?

martes, 12 de abril de 2016

La muerte física de Frank Abel Dopico



En feedbook, en la página de Arístides Vega Chapú, leí la noticia sobre la muerte de Frank Abel Dopico. Hice un breve comentario –en el muro, lamento de quien pierde un desconocido cercano- de lo que significó su poesía para quienes comenzábamos a escribir en los noventa. Él fue uno de los 26 elegidos de “Retrato de Grupo”; una antología que leímos profusamente y que tuvo –no lo duden- sus efectos contaminantes sobre muchas de nuestras concepciones estéticas de entonces. La antología ha superado ya sus primeras tormentas de tiempo. “Retrato..” es –en un país que con frecuencia produce reuniones poéticas sobre el papel impreso– un ejemplo exitoso. Se me escapan –estoy seguro- la mayoría de las variables que coincidieron para convertir este libro en el referente que es hoy; sin embargo, la más importante está muy a la vista y es la calidad individual de cada uno de esos poetas, que construyeron en su conjunto un significativo corpus poético.


Al Dopico humano, al hombre que hay detrás de sus versos, al actor itinerante, al ingenioso lector, casi no lo conocí. Sé muy poco de él y no leí más allá de “expediente del asesino,1991 “ (entonces aquellas lecturas fueron suficientes para el acercamiento y la sorpresa) Su nombre, su poesía, estaban alojadas en un lugar remoto en mi memoria, no olvidados; pero tampoco cotidianos y vino la maldita muerte a hacer lo suyo, a recordarme deudas, portadas, influencias.  Ahora volveré a leerte, con la quietud y el rigor que su poesía nos exige. En sus textos está, la única batalla posible contra la muerte.


Marilyn Bobes publicó en Oncuba[1] –con prontitud atinada- el artículo “Requiem por Frank Abel Dopico”, recomiendo su lectura, sus palabras contienen el homenatico inicial, lo necesario, no para despedirnos del poeta, si no para comenzar su recibimiento definitivo.


Por: Abel G. Fagundo


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