A ti, hombre antiguo, lector sobreviviente. No encontrarás respuestas entre las líneas efímeras del poeta, los nexos entre su palabra y la realidad
han sido tergiversados por la historia... ¿Qué otro destino puede esperarse para una criatura que construye su reino en las arenas movedizas de la poesía?

sábado, 1 de enero de 2011

Palabras de presentación del libro “Confesiones de un poeta mientras cuida un parqueo de Hugo Hodelín Santana.

Algunos escritores, críticos, especialistas que se desenvuelven en el mundo de lo literario, prefieren despojar estas presentaciones del componente anecdótico y concentrarse en los valores semánticos o estilísticos de los libros. Si tienen o no la razón no es el tema que nos ocupa. En esta oportunidad no tomaré en cuenta a quienes aprueban esas ideas, y es que no puedo desprenderme de la anécdota para hablar de Hugo Hodelín Santana, aquí el elemento humano toma una dimensión que no deseo divorciar del hecho artístico.

A Hugo lo conocí personalmente hace unos cinco años, a su poesía un poco antes y a esa ensambladura llamada “El poeta” que componen el hombre y sus versos, a finales de los ochenta; junto a otros nombres que por aquellos años, y desde Matanzas, se añadían a un grupo generacional que le transformaba el rostro a la década, cerrando por fin un larga y sombría etapa de realismo militante y discursos homogéneos. Aquellos poetas, formados en su mayoría por la vanguardia de los ochenta y por lo mejor de las generaciones anteriores, reconfiguraron todo el panorama de la poesía cubana.

Hugo Hodelín escribía allí, y en el medio de aquel levantamiento de las letras, su discurso fue definiéndose de un modo muy peculiar. Hijo indiscutible de esa extensa tradición que dentro del verso isleño ocupa el coloquialismo; no ese panfletario y cómodo, sino el que se nutre eficazmente de la realidad, la vida compleja y a veces nada simpática del cubano “de a pie”, - termino que hemos terminado por aceptar como definición de un modo de vida obrero, en la calle, o como diría el propio Hugo “ Aquel que hace señales y definitivo después de la jornada, se dirige a casa con una mochila rota” -

“Confesiones de un poeta mientras cuida un parqueo”, es el título del libro que Hugo nos trae, publicado por Ediciones Matanzas en los meses iniciales del año 2007. El propio título es una provocación, como lo es toda la poesía de Hodelín, No espere el lector grandilocuencias, esta es una poesía económica y certera, ajena a la hermeticidad o a la danza elitista, Hugo escribe para que lo leamos, y aunque en sus versos pueden identificarse las referencias continuas a poetas hispanos o de otras lenguas, a iconos de la cultura o símbolos universales del arte, él nos ofrece su inquietante visión del mundo, su ontología se expresa a través de un verso franco y sorpresivo. El editor nos dice en el prologo:

“ En Confesiones… he podido gozar, gracias a su singular transparencia, del bello cinismo del hombre común, de su mirada indiferente, su ironía y escepticismo, de sus frustraciones…”

Coincido con estas palabras de Boris Badía, e invito a los lectores a que disfruten del prólogo donde encontrarán una amplia visión sobre el libro, una exégesis mucho más paciente y merecida de la poesía que Hugo nos ofrece en las páginas de este poemario.

Voy a infringir las normas de una presentación; lo correcto es que sea el autor quien primero nos lea; pero me hallo al lado de un infractor, así que de insurgente a insurgente, de poeta a poeta, me tomo la libertad de terminar estas palabras con un fragmento de la poesía de Hugo Hodelín;

Ellos me queríanDócil, asintiendo con autosecretaria empresarialcasadocon nietos, militantepero el muchacho ¡ah!el muchacho se extravióhasta convertirse en una causa perdidapara horror de todos..

Por: Abel G. Fagundo
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