A ti, hombre antiguo, lector sobreviviente. No encontrarás respuestas entre las líneas efímeras del poeta, los nexos entre su palabra y la realidad
han sido tergiversados por la historia... ¿Qué otro destino puede esperarse para una criatura que construye su reino en las arenas movedizas de la poesía?

martes, 31 de mayo de 2016

Economía nacional y noche de versos con Gaudencio Rodríguez

El anfitrión se levantó de su silla y ocupó un rincón a la izquierda del público. Las manos juntas a la altura del pecho, el gesto de la palmada muda, tan habitual en las maneras con las que Alfredo Zaldívar comunica las intenciones de una iniciación.  En la casa de las letras Digdora Alonso, sede de Ediciones Matanzas,  el poeta Gaudencio Rodríguez era presentado como el protagonista de este miércoles de poesía. Autor y verso en esa unidad compleja y poco frecuente en la que el ser humano acompaña – en un mismo espacio- a su creación literaria.  



Gaudencio Rodríguez Santana

La mayoría de los textos seleccionados para su lectura pertenecen al cuaderno Economía Nacional, un título que provoca suspicacias, la apariencia de una entidad lejana a lo poético. Después del primer poema la relevancia se desplaza hacia la esencia de lo que se escucha. Los recitales poéticos pueden ser engañosos y la audición no es el sentido más confiable para la percepción de lo poético, sin embargo, Rodríguez Santana leyó con serenidad, sin efectismos histriónicos, como si estuviéramos en la informalidad de una habitación amiga.

Economía Nacional  transita por los avatares que bordean el cierre de los ingenios azucareros, la caída de esa industria, sus huellas en los seres humanos, en los territorios físicos y socioculturales que sobre ella se sustentaban. En algún momento fue inevitable aludir a la Zafra de Agustín Acosta, en este caso por contraposición. El libro más conocido de Acosta, fue escrito en un momento en el que el azúcar era la principal fuente de riquezas de Cuba; Economía… recoge la tragedia agreste de un tiempo donde los cañaverales ya no pueblan los campos. La lectura del poemario será imprescindible para ahondar en análisis y analogías.

En el número correspondiente a mayo-agosto de 2015, la revista Matanzas adelantaba cinco poemas de este libro que por aquellas fechas y según las palabras del autor: “aún se estaba horneando”. Recibimos este miércoles de mayo, a un poeta que se anunció desde los noventa. Una de esas previsiones que se consuma. Hemos escuchado –una y otra vez- sentenciar y etiquetar la madurez de un escritor, el abuso de un calificativo termina a veces por desacreditarlo; en este caso, no es retórico  aseverar que Gaudencio Rodríguez Santana,  ha alcanzado esa región poética donde el oficio y la sensibilidad alcanzan un estado de fértil comunión.

Abel González FagundoPor: Abel G. Fagundo


Selección de poemas del libro en proceso de edición “Economía Nacional”

Lectura de Lorenzo García Vega
De algún modo también

me asomo al texto. Leo poco
de las hojas lejanas, dibujos
que afilan sus bordes
y cortan las palabras que quise
de un modo natural.
Me asomo a lo que fue
una estela de palabras truncas.
Aire que pasa
entre las hojas, imagen
que se disuelve en el texto.
Vivir el texto mismo.
Ser el texto ante lo oscuro
de una puerta cerrada.

Dos patrias tengo yo; Cuba y la noche.
José marti

A VECES NO SÉ
de dónde viene la palabra "Patria", cómo
conjugarla como verbo intransitivo,
o reflexivo de forma. O como el lugar
a donde vamos a escribir
con gruesas líneas negras.
La patria y la noche. Cuba, o el filo
que corta la última caña, la fijeza
del plantón amargo
que alcanza sus mejores jugos
en el frío intenso de la palabra Cuba.


La marca del azúcar

No es con agua que arrancamos

ciertas huellas. La cicatriz a veces
se disfraza. Algo de alcohol
raspa la última superficie
y en los vidrios
vinagre y petróleo, todo lo que pueda
deshacer la marca del agua.
¿Cómo deshacer ahora
la marca del azúcar?
Huellas que la maleza cubre,
¿cómo hacer para que vuelvan
las cañas? (...iban y venían,
desesperadas...) ¿O cómo
podríamos sembrar ahora
árboles para el final
de tanta hambre?
¿Cómo deshacer la marca del azúcar?
Y sueño los herrumbrosos
caminos a través de la tierra
manchada por las mieles, la purga
de toda la orfandad. Y veo
las eternas ruinas
despedazarse sobre el polvo,
sobre esta sobriedad del paisaje
que solo es una marca absurda
en la memoria.

El punto de la miel

Del vacío salen los émbolos y luego

se comprueba que la miel está a punto.
Ya solo se descubre
el punto de la miel los granos
de un azúcar que traza la identidad
para luego deshacerse.
Del vacío, también de ese pedazo
que es el olvido que fatalmente conduce
a su silencio. Y entre los hierros
un vacío otro nos lleva
al punto de la miel,
pero solo una página que se cubre
del óxido de toda nuestra suerte.
Mi abuelo arrastró tras de sí
al émbolo. Fue partícipe
de la gloria y la paz, de esa guerra
que corroe las mieles de la purga
y de esa simpleza
que deja solo azúcar. Y yo
ahora apenas siento en la lejanía
un leve olor a melaza,
una culpa que carcome sin piedad
el último halón de mi abuelo,
la última vez antes de ser quien construía
una espada de madera,
o el gesto elemental de quien busca
el punto de la miel.


Fecha del hambre

La muchacha que vende el pan todos los días
pretende cobrar el alimento. No sabe
que solo de pan no vive el hombre,
otros alimentos quizás, algunas frutas.
Marca en una hoja de papel cuadriculado
y cobra las monedas.
                    Otros detrás también
señalan la página requerida. Hacen mutis
ya sea a derecha o izquierda del escenario.
Mañana, casi al amanecer, la muchacha
volverá a sentarse a marcar la cruz
en la cuadrícula que corresponde
a la nueva fecha del hambre. Los de la fila
guardarán en bolsos de tela los alimentos
y regresarán a casa ávidos del pan de cada día.

Gaudencio RodríguezGaudencio Rodríguez Santana
Poeta

lunes, 23 de mayo de 2016

En el bosque francés de la Calle Medio



Mi querido Duprey, quizás yo sienta un poco de temor
pero no alcanzo  para orinarle el rostro a los soldados.
Tú eras de un falo más clásico, más francés
no es lo mismo
orinar contra monumentos en el primer mundo
te curvas y floreces sin el temor de parecer endeble
No hay monumentos ígneos en Matanzas Jean Pierre
la gente aprende bien temprano en esta tierra
que es peligroso el fuego
incluso hasta la insinuación del fuego.


Claro que podemos caminar
cogidos de la mano sin cogernos
dos hombres con los dedos cruzados
en algo aparentan el cuero del tambor
al chivo en la memoria de los cuchillos.
Caminemos, ir por la calle marcando a los suicidas
sin decirles nada, déjalos en la arrogancia, vivos…
Aquí la muerte es real
colorea, anuncia
y nosotros como en París
le ponemos también de cascabel la historia.

Es feliz esta gente
aunque no los comprendas tú
come sin ceremonias… cuando come
bebe bajo los árboles
hace el amor sin prisa ni pudor
se divierte y canta.
Mira esta calle, o mejor, cierra los ojos, escucha
dánzala con tus huesos lentos.
Es el ritmo de la supervivencia
la civilización y su orquesta mestiza.
En esto Duprey, la ciudad se parece a tu ciudad
somos aquí refugiados de la suerte.

Quizás Jean Pierre, tu idioma florecido
consiga recostarse en la bahía matancera, navegarla, hundirse.
No temas al dolor
es el mar que en todas partes quiere vivir sus puertos
la sal que todo lo corrompesecándonos el corazón día tras día.


Abel G.Fagundo

* Del libro “En el bosque francés de la calle medio” Ediciones Matanzas. 2008

jueves, 5 de mayo de 2016

Chanel pasea La Habana


Por: Abel G. Fagundo

La presencia de Chanel en La Habana, es otro episodio en el guión que se escribe para nosotros. Ya conocemos el argumento y mientras la trama avanza se hace menos difícil la aventura de predecir los potenciales desenlaces. La historia no es una telenovela –verdad de perogrullo-  pero el poder modela muchos de sus acontecimientos. (El poder en todas partes del mundo) la efectividad depende de la capacidad para minimizar las variables del azar y de redefinir –muchas veces sobre la marcha- lo que no ha funcionado en una etapa donde el signo es la modificación estructural paulatina de sus políticas.

Las reacciones sobre la presencia de Chanel en el Prado habanero fueron diversas. La mayoría  pertenecían a posturas esperadas; con mayor o menor hondura, de un lado u otro de la línea de fuego, aunque en este caso la pólvora estaba muchas veces mojada y se usaron algunas balas de fogueo. Entre lo entretenido o lo ridículo, según la postura de quien estuviera mirando a través de la ventana. Algunas opiniones llamaron mi atención, no solo porque provenían de autores que suelo respetar, también por la heterogeneidad intelectual de los mismos; como para darle una mirada a lo que la prensa recogía por aquí, por allá.   
    
No soy un conocer del mundo de la moda, sus vericuetos se me escapan; pero no hace falta serlo para comprender que para la casa de moda francesa con raíces internacionales, la presentación liderada en Cuba por el diseñador Karl Lagerfeld; es un show aprovechable en cuanto a lo que significa como estallido publicitario. 

A la cultura cubana no le hace falta Chanel, pero sus productos quizás estén muy pronto en el nuevo mercado interno de la isla. Se sumaran así a la profundización de una hegemonía cultural que solo puede negarse desde la ignorancia. No tengo nada contra la belleza ¿alguien puede acaso cerrar los ojos?. Ni contra el glamour de las apariencias. Me disculpo con sus cientos de miles de entusiastas; es quizás porque soy feo, pobre y he escuchado sobre las pociones mágicas del maquillaje, de la habilidad técnica de los retocadores en photoshop; quizás por eso he sido “deformado” por una concepción menos tibia de lo real y prefiero el tráfico aleatorio de las avenida, los bulevares, la belleza sin lastres, antes que la ilusión lucrativa de las pasarelas.